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Ana Peña: perfil de una cantaora

Ana Peña (Utrera 1950), una poderosa artista casi olvidada en Jerez, una ciudad que no perdona fácilmente al intérprete que no nazca en ella. Su metal de voz es Utrera. Poderosa dulzura, con un desgarro flamenco que te hace pupa sin avisar.

El alarmismo acerca de la desaparición del cante flamenco o la menguante cantera de voces nuevas ha sido una constante desde que Dios inventó el compás de doce tiempos (tan sublime creación, digo yo, habrá nacido de la intervención divina). Sin embargo, sigue habiendo buenos intérpretes, tanto nuevos como veteranos, profesionales y aficionados para todos los gustos. El flamenco está en ellos, son portadores del arte jondo y no hay vacuna que valga.

 

Hace quince años, en 2007, salió publicada mi discreta contribución a la bibliografía de la historia reciente del flamenco, Flamencos de Gañanía. Hablé con 42 individuos que habían vivido la época entre la posguerra y la mecanización de las labores del campo en los años setenta, e incluí en el texto 16 de las entrevistas. Han pasado los años, y muchas de aquellas personas que tan generosamente dejaron sus conmovedores testimonios ya no están, de hecho, sólo quedan seis o siete. Y entre ellos, la más joven es la cantaora utrerana Ana Peña Vargas, afincada desde hace muchos años en Jerez, aunque no se prodigue mucho en los escenarios de esta ciudad tan flamenca.

 

Ana Peña (Utrera 1950), una poderosa artista casi olvidada en Jerez, una ciudad que no perdona fácilmente al intérprete que no nazca en ella. Su metal de voz es Utrera. Poderosa dulzura, con un desgarro flamenco que te hace pupa sin avisar.

 

Habla Ana: “Mi familia es de Utrera, y mi casa en Utrera, pero mi madre, de Lebrija. Mi padre, Juan el Calentitero, hermano de Cuchara de Utrera. Mi madre, de los Vargas y Valencia de Lebrija. José Valencia, este joven que canta, El Caneco, Manuel de Paula, El Lebrijano y toda la parte de los Peña Pinini es familia mía”.

 

 

«En Utrera y la campiña occidental de Andalucía, el cante duele de otra manera. Por bulerías, es Bernarda con su característico perfume de romance. No la copia, no, se inspira en ella sin perder su propia personalidad. Emotiva, cálida, cruda y doliente, Ana Peña te envuelve sin esfuerzo en este sentir del interior»

 

 

Ana se casó con el bailaor Petaca de Jerez, hijo del mítico bailaor Paco Laberinto de los Terremoto y de los Pipa. O sea, estirpe hay. Y vivencias largas. Ana estuvo trabajando en el campo hasta los 18 años, cuando causa sensación en Lebrija. Se pone el único vestido que tiene, y canta en un festival para la Hermandad de los Gitanos. Estaban las grandes figuras: Antonio Mairena, José Menese, Fosforito, Fernanda, Bernarda… Fue la primera vez que cantó con guitarra, y el público se enamoró de ella. Cuenta Ana que a los tres días la sacaron del campo, y no ha vuelto a pisar ninguno. También destaca la cantaora que cantó por primera vez en Jerez con Manuel Morao en los Viernes, una circunstancia que cuentan muchos jóvenes artistas gracias a don Manuel.

 

 

La cantaora utrerana Ana Peña, en el el Centro Cultural Flamenco Don Antonio Chacón. Foto: Estela Zatania

La cantaora utrerana Ana Peña, en el el Centro Cultural Flamenco Don Antonio Chacón. Foto: Estela Zatania

 

 

En Utrera y la campiña occidental de Andalucía, el cante duele de otra manera. Las voces y el repertorio de dicha localidad están en Ana Peña. Por bulerías es Bernarda con su característico perfume de romance. No la copia, no, se inspira en ella sin perder su propia personalidad. Gaspar lo decía siempre: los cantaores de Utrera, no hay dos que suenen iguales. Emotiva, cálida, cruda y doliente, Ana te envuelve sin esfuerzo en este sentir del interior.   

 

En la portada de una grabación de Ana Peña que aquí figura fechada en 1989 (con las guitarras de Manuel Lozano el Carbonero y el Niño Jero) leemos tres lemas: El flamenco como suena, Fiesta gitana en Jerez y Fuente vieja. Palabras cargadas que nos atraen a aquel mundillo del arte jondo, compás, tierra húmeda, penurias y escasez, comunión con la naturaleza y el denso ambiente de una época que sigue resonando décadas después de los hechos. Atrás y más atrás con el recuerdo llegamos a los años sesenta, finales de noviembre quizás (un poco de imaginación, por favor), camino del cortijo la Zangarriana donde trabajaban tantos utreranos con jerezanos como el Mono de Jerez o el Chozas, produciendo un fructífero intercambio de repertorio. Por la mañana temprano el vaho se escapa de las bocas de los jornaleros que ya no llegan andando a los campos, sino que van “de lujo” en camionetas abiertas. Es una imagen elocuente e inconfundible la de las mujeres que llevan pantalón debajo de sus faldas, y sombrero y pañuelo en la cabeza.

 

 

«Para unas cosas, bien, pero otras se están quedando en nada de nada, cosas ligeritas. Pero yo con mis mismas ganas de siempre, y como más disfruto es en un bostizo, porque esto lo llevo dentro, y nadie me lo va a quitar»

 

 

“Aprendí canciones de la radio cuando empezaron con las radios chiquetitas; en la gañanía no había radio, pero yo tenía la mía. Escardando, me la ponía al oído y a lo mejor la gente se iba delante y no me di cuenta. Escuchaba a Terremoto, Antonio Mairena, Juan el Lebrijano, Perrate, Pepa de Utrera, la Repompa de Málaga, María Vargas, La Perla… Luego también esta gente como Amina, Marifé de Triana o Rocío Jurado, los coplés los metí por bulería. Cuando tenía 18 años, compramos una tele y vi a Camarón, a todos los jóvenes nos gustaba Camarón mucho, aprendí cosas suyas, y me harté de llorar porque quería ser artista, y mi padre no quería” [Ana Peña].

 

No obstante, Ana llegaría a viajar por el mundo más de diez años con la compañía de Salvador Távora, con la obra Carmen, ópera andaluza de cornetas y tambores, un trabajo contemporáneo donde la voz de Ana puso un rico punto de sabor a lo auténtico. 

 

Al ser preguntada el otro día por el flamenco actual y futuro, se muestra pesimista: “Para unas cosas, bien, pero otras se están quedando en nada de nada, cosas ligeritas. Pero yo con mis mismas ganas de siempre, y como más disfruto es en un bostizo, porque esto lo llevo dentro, y nadie me lo va a quitar”.

 

 

 

 

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Jerezana de adopción. Cantaora, guitarrista, bailaora y escritora. Flamenca por los cuatro costados. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas especializadas y es conferenciante bilingüe en Europa, Estados Unidos y Canadá.

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