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Luis Perdiguero: de Jerez a Málaga

Crónica de la actuación del cantaor malagueño Luis Perdiguero en la Asociación Cultural Flamenca la Taranta de Linares, con motivo del circuito 8 Provincias de la Federación de Peñas Flamencas de Jaén.

Muchos de los que lean esta reseña sobre el festival acaecido el día 13 de diciembre en la Asociación Cultural Flamenca la Taranta de Linares, con motivo del circuito 8 Provincias de la Federación de Peñas Flamencas de Jaén, conocerán al cantaor Luis Perdiguero. Ese cantaor lleva sangre jerezana de los Paulera, Tía Anica la Periñaca y los Zambos, además de alternar en fiestas con Luis de la Pica y los Moneo. Si esto no fuese suficiente hay que entrar aún más en la calidad de su cante. Cante que suena a los artistas jerezanos antiguos, como Tío Borrico, Manuel Torre, Juan Mojama y una pléyade inmensa de cantaores que vieron la luz en los barrios de arrabales de Santiago y San Miguel. 

Entrando en al acto en sí, Luis comenzó realizando un cante de bulería por soleá, recordando a aquellos maestros de Jerez, desde el Sordera, Frijones o tío Borrico, con un compás muy marcado, acentuado y a tiempo. Tiempo que vio venir luego entrando en los cantes de cantiñas gaditanas, enmarcados en la tacita de plata, y con el sabor que los de aquellas tierras del sur saben imprimirles a esos cantes de la bahía. En los tientos, Luis se supeditó a la dificultad de los tonos bajos en ese cante, aunque debido a su conocimiento y a su facilidad para dominar el compás supo añadirle una peculiar personalidad que dejó entusiasmado al público allí asistente, al igual que hizo con los fandangos, naturales que con letras que podrían estar en cualquier romancero perteneciente al romanticismo español del siglo XIX.

 

«En el cante por bulerías supo impregnar de compás y soniquete el sabor de jerez a los cantes festeros. Bulerías muy cercanas a Luis de la Pica, los Moneo o los Zambos, y que hicieron el regusto de los aficionados al cante de la tierra del vino fino»

 

Por seguiriyas supo exprimir la mayor emoción en los cantes de Manuel Torre, aquel jerezano al que llamaban el Majareta y que dejó una escuela primordial en el cante siguiriyero, con duende y pellizco, lo que se le llama a esa voz aguardentosa y rajá de los artistas que tomaban ungüentos en el siglo XIX para intentar ser más flamencos.

Luego, extendiéndonos en los que se han conocido como cantes de las minas, comenzó por el taranto que tradicionalmente cantó Manuel Torre, aunque con una letra mucho más moderna y una personalidad propia en el cante minero. Minero porque siguió con dos tarantas. Ya sabemos de la dificultad en muchas ocasiones de querer ponerles etiquetas a todos los cantes, pero Luis se arrimó a la ascua de Linares, con un cante que grabase el Cojo de Málaga y otro que grabase entre ellos Manuel Vallejo, Valderrama o Fosforito. En el cante por bulerías sabe impregnar de compás y soniquete el sabor de jerez a los cantes festeros. Bulerías muy cercanas a Luis de la Pica, los Moneo o los Zambos, y que hicieron el regusto de los aficionados al cante de la tierra del vino fino.

A la guitarra estuvo acompañado por José Antonio Conejo Vida Chaparro de Málaga, guitarrista con una amplísima experiencia y afición al flamenco, que conoce perfectamente el toque de acompañamiento con soltura y precisión, además de compás y arte. 

Estos artistas hicieron olvidar por un momento la pandemia, derrochando arte flamenco por todos lados, por lo que no sería de extrañar que en poco tiempo, y cuando la situación lo permita, puedan tener más actuaciones por todos los lugares.

 

José Ramón Checa Medina

 

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