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Los Cernícalos de Jerez, cincuenta años de vuelo

La Federación Local de Peñas Flamencas de Jerez comienza a trabajar por el expediente de nombramiento de Hijo Adoptivo de la Ciudad de Jerez a don Antonio Benítez Manosalbas, algo más que merecido y plausible.

Desde que un grupo de amigos aficionados al flamenco decidieron constituir la primer peña flamenca de la provincia de Cádiz –tercera más antigua del mundo casi al mismo tiempo que La Platería de Granada y Juan Breva de Málaga– han pasado cincuenta años. Fueron catorce, por entonces, los jóvenes que se atrevieron a formalizar unos encuentros espontáneos que terminaron convirtiéndose en reuniones de cabales. Hoy día solo quedan cuatro de esos fundadores de la nombrada Peña Los Cernícalos: Joaquín Rodríguez, Juanenri, Pepe Mateos y Antonio Benítez, conocido por todos como Antoñín. A este último lo nombraron primer presidente, sin que él mismo lo supiera, pues Antonio se fue a trabajar dejando a sus amigos en el patio de su casa, los mismos que acordaron que fuera el ausente quien representara a la recién formada entidad. Durante las cinco décadas que han pasado desde 1969, el bueno de Antoñín no solo ofreció el patio de su casa, que puede decirse que es particular, sino que ha ido recorriendo los distintos puestos de responsabilidad de la junta directiva hasta estos momentos que continúa alentando a las nuevas generaciones.

Hay que recordar que en aquella época no era nada fácil celebrar una reunión entre un grupo de iguales. Todo lo contrario, requería la presencia de un delegado gubernativo. Tiempos de Franco. ¿Y por qué titular a una peña flamenca con el nombre de un pájaro? Fue curioso. Algunos decían que Fernando Terremoto, otros, que Agujetas, y otros que lo de acudir a un artista te limitaba a rendir pleitesía a su figura, sus cantes, su obra, su descendientes… por lo que prefirieron aprovechar la analogía con el cernícalo, ave rapaz de pequeño tamaño que sale de noche para cazar. El grupo de catorce amigos también salían de noche, para conversar de cante en el Kiosko del Retiro, punto de encuentro de los primeros pasos. Meses después del pistoletazo de salida a esta nueva aventura se trasladaron a una habitación de la barriada jerezana El Pelirón, lugar en el que ya podían invitar a amigos y artistas para que se dieran esas incalculables reuniones. Luego pasaron a la Estancia Barrera, al lado de la Fragua del Tío Juane, hasta llegar a la actual sede social de calle Sancho Vizcaíno del barrio de San Miguel. 

Entre los méritos de estos grandes aficionados al flamenco de toda una vida están los de asesorar a las peñas que llegaron después en formación de estatutos y líneas de actuación, la celebración de recitales de nivel extraordinario, la recuperación de artistas olvidados de épocas pasadas, la valoración del cante de raíz, la apuesta por las nuevas generaciones a través de concursos, asesoramiento, grabaciones de discos o formación académica en la propia entidad… No podemos olvidar sus buques insignias: Pregón Flamenco de la Semana Santa –este año ha cumplido 46 ediciones–, el Certamen Internacional de Guitarra Flamenca –ahora mismo no se celebra por falta de fondos económicos– y el ciclo Noches de La Plazuela (29 edición), que en estas semanas se está celebrando. La saeta también ha sido otro de sus baluartes.

Por el escenario de esta peña pasó el sábado 25 de mayo el guitarrista Diego del Morao, con un recital de ensueño. Este sábado, 1 de junio, el protagonismo recae en María del Mar Moreno y su Jerez Puro con Antonio Malena, entre otros. Para culminar el 8 del mismo mes la Familia del Tío Juane (con Nano de Jerez, Niño de la Fragua…). Un cartel de calidad indiscutible para la conmemoración de una efeméride que constata el buen hacer de esta peña, por la que han pasado artistas de la talla de Manuel Agujetas, Manuel Moneo, Paquera de Jerez, y ha contado con la amistad de Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar.

Y todo gracias al amor por el flamenco. Sobre todo, sin desprestigiar al resto, de Antoñín. Este cordobés de nacimiento de casi 87 años de edad (1933) ha respirado siempre por la peña, por sus actividades y por el respeto al cante jondo. Vivió la guerra, pasó hambre, vio gente morir, y se trasladó con apenas 13 años a Jerez, ciudad que lo acogió con brazos abiertos llegando a trabajar en los campos, luego de botones en uno de los casinos de la ciudad y convivió tanto con los gitanos como con los no gitanos, pudientes y aristócratas. Por este motivo, Antonio ha sabido siempre tratar a los flamencos, porque ha entendido y entiende lo que son las fatigas, la exclusión y el valor del respeto por los demás. Ahora, la Federación Local de Peñas Flamencas de Jerez comienza a trabajar por el expediente de nombramiento de Hijo Adoptivo de la Ciudad de Jerez a don Antonio Benítez Manosalbas, algo más que merecido y plausible.

 

 

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Periodista. Jerez. Sé bailar por bulerías. Nada como la intimidad de la radio y el romanticismo del papel. Ahora, también en tv.

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