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Aquel malogrado Lamparilla

Tuvo que ser un gran artista. De otra manera no hubiera trascendido su nombre con tanta fuerza. De no haber muerto tan joven hubiera llegado a lo más alto del baile y tendríamos más información sobre él.

Tuvo Sevilla un bailaor, nacido el mismo año que Don Antonio Chacón (1869), que murió sin haber cumplido los veinte años. Se llamó Antonio Páez Córdoba y fue hijo de otro gran bailaor sevillano, el histórico Antonio Páez El Pintor. Me estoy refiriendo al célebre bailaor Lamparilla, nacido en la calle Alcalá de Sevilla, en la que hoy se llama Divina Pastora, en pleno Barrio de la Feria. En esta calle, de las más flamencas de esa zona, murió el Niño Gloria en 1954, en concreto en el número 9.

Lamparilla nació en el número 4, en la acera de frente, cuando su padre tenía 24 años y era ya un bailaor de fama. Más o menos donde vivieron durante tantos años la viuda y dos hijas de Manuel Torres, una de ellas esposa de otro gran bailaor, el moronero Pepe Ríos.

Fue un niño prodigio, porque aparece bailando en Madrid cuando tenía solo 8 años. Lo bautizó otro gran artista, el guitarrista sevillano Maestro Pérez, olvidado en su propia tierra, con lo que significó en su momento, porque fue uno de los pioneros de este arte y un guitarrista puntero, compañero de Silverio Franconetti y uno de sus hombres de confianza, como lo fue también de Manuel Ojeda El Burrero.

Tras varios años bailando como profesional, Lamparilla enfermó y murió muy joven, en 1888, en concreto en la calle Europa, una plaza de la Alameda de Hércules, la más flamenca. Curiosamente, en su certificado de defunción constaba que era Maestro de bailes, algo inusual en aquellos años, sobre todo siendo tan joven aún. Esto demuestra que era profesional y que no se le conocía otra profesión que la de bailaor.

Fernando el de Triana, que se ocupó de él en su libro Arte y artistas flamencos (Madrid, 1935), da a entender que lo mató el baile, o sea, el ambiente de la época, que era muy duro, sobre todo para un niño. Se da la curiosidad que Antonio el Pintor vio morir a todos sus hijos, acabando viviendo solo con su mujer, la sevillana Carmen Córdoba Barrera, de la calle Linos, también del Barrio de la Feria. Una triste historia, sin duda, que Sevilla desconoce por completo, como desconoce casi todo lo concerniente a la historia del arte flamenco.

Lamparilla tuvo que ser sin duda un gran artista, porque de otra manera no hubiera trascendido su nombre con tanta fuerza. De no haber muerto tan joven hubiera llegado a lo más alto del baile y tendríamos más información sobre él. Hasta que no me propuse averiguar quién era, de este bailaor no se sabía ni su nombre, solo el apodo artístico. Hoy ya sabemos quién fue, cuándo nació y hasta cuándo vivió. Lamentablemente, se malogró muy joven y Sevilla lo olvidó de manera miserable.

Hay otra curiosidad sobre este mítico bailaor. Nació el 26 de noviembre de 1869. Un 26 de noviembre de 1969, justamente un siglo después, moría la Niña de los Peines a escasos metros de donde Lamparilla vino al mundo.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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