Home / Crónicas  / Rafael Riqueni, la herencia compartida

Rafael Riqueni, la herencia compartida

El maestro de la guitarra flamenca estrenó en Sevilla su último trabajo, 'Herencia'. Un homenaje a Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Enrique de Melchor, Pepe Habichuela…

No te lo pienses más. Rafael Riqueni en el Teatro Lope de Vega. Sí, es guitarra solamente. Bueno, habrá más cosas, pero vamos a un recital de guitarra de concierto, ya sabes. Lleva por título Herencia, y es estreno absoluto. El mes que viene lo llevará a Jerez de la Frontera, al Villamarta. Y luego, de gira por esos mundos. Será su próximo disco, a punto de salir.

Decir Rafael Riqueni y ver a los aficionados contener la respiración es cosa grande. Muchos dicen que es el mejor compositor que ha habido en lo jondo. De los mejores intérpretes vivos de la sonanta flamenca. Yo no me atrevería a tanto, aunque es sin duda un genio. Por su creatividad, por su legado. Y por su condición humana. Inspira Rafael en los aficionados una devoción casi religiosa. El mito de carne ajada, tan maltratado por la vida. Su guitarra se ha llenado de arrugas, aunque suena fresca e inocente como la ilusión de una niña descalza.

En la soledad terrible del escenario, el músico quiere rendir honores a vivos y muertos. Amigos y maestros que ocupan un trono de oro en su memoria. Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Enrique de Melchor, Pepe Habichuela, Tomatito, Joaquín Amador, Serranito, el Niño Miguel. Y no solo se acuerda de los tocaores. Entre ellos tienen su rincón sus amigos Enrique Morente y Mario Maya. Para cada uno, un toque. Para él, la gloria, o más bien para nosotros, como le recordó un aficionado desde el paraíso del teatro. Es su herencia artística lo que trae en las manos. Y no hay mayor generosidad que la del que comparte su alma descarnada. Esto es lo que tengo, esto es lo que doy.

 

«Su guitarra se ha llenado de arrugas, aunque suena fresca e inocente como la ilusión de una niña descalza»

 

Dos horas de guitarra pueden aburrir hasta al más jartible. Pero no con los grandes maestros. No si hay verdad. Quizá sea ese el misterio de Rafael. Que es un depósito de verdades que no se cantan, sino que se tocan. Las verdades del barquero. Mira su mano derecha, te has dado cuenta. Cuelga lánguida y grande sobre el puente de su instrumento. Casi desproporcionada con respecto al conjunto. Lo mismo que le pasa al David de Miguel Ángel, el canon de la belleza en la imperfección. El toque de Rafael ha ganado belleza y verdad con la edad. Una verdad que hace olvidar algunos deslices en la ejecución, sobre todo en la primera parte del recital. Según se avivaba el fuego en sus manos, apareció el niño virtuoso de catorce años, el de los premios nacionales de Córdoba y de Jerez.

El recital está estructurado en dos partes, aunque Rafael no deja la guitarra ni por un instante. La primera estuvo destinada a los homenajes, los nueve toques de su próximo disco, Herencia. Y la segunda, desgrana seis temas clásicos de su discografía. Granaína para Enrique Morente, soleá para Serranito. A su maestro de Sanlúcar, por nombre Manolo, le dedica las sevillanas que abrirán la próxima Bienal de Flamenco de Sevilla. El levante despeina la memoria de Enrique de Melchor. Y Rafael pronuncia sus primeras palabras para anunciar la seguiriya: Pepe, va por Paco.

Tras las alegrías dedicadas a Pepe Habichuela, se apodera del escenario María Moreno, para bailar la farruca de Mario Maya. No parece que toque el suelo ese cuerpo menudo imbuido de gracia gaditana. Se diría que es una pompa de jabón movida por el palo de un artista circense. Bulerías llenas de soniquete para Tomatito.

 

«Mira su mano derecha. Cuelga lánguida y grande sobre el puente de su instrumento. Casi desproporcionada con respecto al conjunto. Lo mismo que le pasa al David de Miguel Ángel»

 

Según se iba desliando la madeja, el hilo intimista del comienzo fue aceptando más ovillos de colores con la participación de sus dos guitarristas acompañantes, Manuel de la Luz y Salvador Gutiérrez, que miraban al maestro con reverencia desde el ventanal de sus sonantas. Esas palmas de los Amador suenan diferentes en el Lope de Vega, gracias al exquisito trato que recibió el sonido por parte de Fali Pipio y Manu Meñaka. Mención especial merece la percusión de Luis Amador, que buscó siempre las miradas cómplices de sus compañeros mientras dotaba de rabioso compás al conjunto. En los tangos al guitarrista Joaquín Amador, marido de la enorme bailaora Manuela Carrasco, Riqueni quiso acordarse de su Triana y de la calle Pureza, donde ambos regentan el bar Tronío, templo flamenco de la noche sevillana.

Y llegaron los Trinos desde el Parque de María Luisa, tan cercano al teatro. Y llegó la Virgen de la Amargura, con bordones y primas bajo palio. Gracias, Sevilla, es el día más feliz de mi vida. Un recuerdo para el Niño Miguel, con los míticos fandangos creados, una vez, más por Riqueni. Y otro para el trianero Manuel Molina, con su brizna de Romero verde en la comisura de sus labios gitanos. Y te lo querías perder, compañero.

 

Fotos: Óscar Romero – Teatro Lope de Vega

 

Ficha artística

Espectáculo: Herencia
Lugar y fecha: Teatro Lope de Vega, Sevilla. 29/1/2020
Guitarra solista: Rafael Riqueni
Guitarras: Salvador Gutiérrez y Manuel de la Luz
Percusión: Luis Amador
Palmas: Diego, Luis y José Amador
Artistas invitados (baile): María Moreno y Rubén Olmo
Dirección artística: Paco Bech
Sonido: Fali Pipio y Manu Meñaka

 

 

Comparte este artículo

Filólogo madrileño. Media vida en Sevilla. Centinela de las palabras. Lo jondo le acelera peligrosamente el corazón.

NO HAY COMENTARIOS

ESCRIBE TU COMENTARIO. Rellena los campos NOMBRE y EMAIL con datos reales. Para que se publique en nuestro portal, el comentario no puede ser anónimo.

X