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Japón, el flamenco del sol naciente (1)

El país nipón es la segunda potencia flamenca después de España. Tras el velo de clichés y estereotipos, hay una legión de auténticos aficionados y artistas que aman el arte jondo.

A punto de acabar la segunda década del siglo XXI resulta una obviedad reconocer el inmenso interés que los japoneses sienten por el flamenco. Estamos acostumbrados a verlos transitar por los centros históricos de las ciudades españolas, normalmente en apretados grupos guiados por el consabido paraguas de colores. Esto no es nuevo. Llevan muchas décadas haciéndolo. Los móviles y los palos selfies han ido sustituyendo a las cámaras fotográficas, pero el afán que mueve a sus dueños es el mismo de siempre. Captar el momento, coleccionar sensaciones, impregnarse de la cultura española en los dos o tres días que dura su visita.

En sus viajes a Sevilla, Madrid o Barcelona, hay siempre una parada obligada. Un espectáculo de baile flamenco en cualquiera de los numerosos tablaos de la ciudad. Flamenco para guiris, lo denominan los cabales, con una mueca de desprecio. Y muchas veces es así, aunque no siempre. La escena descrita es un cliché, un lugar común instalado en la conciencia colectiva española, y no por ello deja de ser cierta ni frecuente. También es válida para los turistas de otras nacionalidades, si bien los japoneses los multiplican en número.

 

«De dos en dos, de tres en tres. Son verdaderos aficionados, entendidos que chanelan de flamenco»

 

Sin embargo, poner el foco en el tópico es quedarse en la superficie de una realidad mucho más profunda e interesante. Solo hay que darse una vuelta por los innumerables festivales flamencos que pueblan la geografía española cada verano, sobre todo en Andalucía. O asistir a los ciclos flamencos programados en los grandes teatros, y ver a centenares de nipones en sus butacas. De dos en dos, de tres en tres. Son verdaderos aficionados, entendidos que chanelan de flamenco. Realizan viajes relámpago para asistir al Festival de Jerez, a la Bienal de Arte Flamenco de Málaga o a la Fiesta de la Bulería. Ya en la X Bienal de Flamenco de Sevilla las cifras de reservas realizadas desde Japón rondaron el 50 por ciento de las totales.

Existe una figura aún más reveladora de la afición desmedida que muchos japoneses y japonesas sienten por el arte jondo. Miles de ellos trabajan diez meses en su país para pasar dos meses en España estudiando flamenco. El destino preferido es Andalucía, naturalmente, con Sevilla, Jerez de la Frontera, Málaga, Granada y Córdoba a la cabeza. Son en su mayoría estudiantes y artistas de baile, aunque también de guitarra y, mucho menos, de cante. Desean perfeccionar su técnica e impregnarse del aire que rodea al flamenco, interiorizar la esencia de la vida andaluza.

 

¿A qué se debe este interés por el flamenco?

¿Cuál es la razón última por la que esta afición ha calado tanto en el país del sol naciente, mucho más que en cualquier otra parte del mundo? Está claro que el flamenco es una música de naturaleza universal, como el blues, el jazz, el rock&roll, la ópera o la música culta sinfónica. El carácter clásico de todas ellas implica que soportan perfectamente el paso del tiempo, apartándose de modas y auges temporales, y que son capaces de saltar todas las barreras geográficas. En lo que respecta al flamenco, su declaración por la Unesco en 2010 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad ahondó aún más en su universalidad, lo que significó un antes y un después para el conocimiento de este arte en todo el mundo. En Japón también. Pero el segundo puesto de Japón en producción de flamenco, por detrás solamente de España, no se explica solo por eso.

Alguien que conoce la cuestión de primerísima mano es la periodista Kyoko Shikaze, que concedió esta entrevistaExpoFlamenco en agosto de 2019. Kyoko es una periodista japonesa y enamorada del flamenco desde hace más de treinta años, pues por seguirlo abandonó su país y su trabajo. Desde Triana, donde reside desde entonces, aún no tiene clara la verdadera razón: «Hay varias hipótesis. La teoría más creíble es que la cultura japonesa evita expresar los sentimientos. El que lo hace es como un sinvergüenza. Por eso llama la atención un arte que expresa tanto sus sentimientos. También puede ser que el flamenco tenga influencias orientales, gitanos que vinieron de la India. Y hay canciones populares en Japón que se parecen un poquito al flamenco en la manera de cantar».

La doctora Mayte Antúnez, especialista en flamenco, abunda en la cuestión de la prohibida expresividad. En una conferencia impartida en julio de 2016 en el Instituto Cervantes de Tokyo, y referida por la web DeFlamenco.com, Antúnez explicó que «los japoneses tienen una forma de entender la vida en la que se hace imprescindible el autodesarrollo a través de cualquier acción que implique el crecimiento personal, ya sea con enfoque artístico, académico o cultural». El flamenco no es una más de las actividades que los japoneses, y sobre todo las japonesas, podrían elegir. «A diferencia de otras opciones, el flamenco es pura pasión y sentimiento. Esto llama la atención y atrapa a cualquier persona de cualquier parte del mundo. Con la singularidad de que en Japón, por sus normas sociales y de comportamiento tan estrictas, la expresión de emociones y sentimientos está completamente anulada. Por eso es aquí precisamente donde más aprecian la potencia y grandeza de este arte».

La mayor artista flamenca de Japón es la famosa Yoko Komatsubara (Tokyo, 1931). Pionera en la implantación del flamenco en su país, la gran bailaora ha celebrado este verano el 50 aniversario de su Compañía de Ballet Español. Conocida fue su rotunda afirmación en noviembre de 2011: «El flamenco es casi un arte nuestro en Japón». En una entrevista de 2009 en Canal Sur, Yoko afirmó desconocer dónde está el secreto del éxito del flamenco en su país. «Yo no sé, el flamenco es algo misterioso. Ni siquiera sé por qué me gusta tanto a mí. Lo único que puedo decir es que la gente se acerca a mí, en mi tablao en Tokyo, y me da las gracias por hacerles felices, porque se van de allí con ganas de ir a trabajar al día siguiente».

[…continuará]

Fotos: Carlos Gomez Okinawa Flamenco Dance School

 

 

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Filólogo madrileño. Media vida en Sevilla. Centinela de las palabras. Lo jondo le acelera peligrosamente el corazón.

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