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Qué doló de la Gabriela

El pasado 25 de enero se cumplieron cien años de la muerte de Gabriela Ortega Feria, la gran bailaora gitana de Cádiz. Murió en su domicilio de la sevillana calle Santa Ana, una de las más flamencas de la Alameda de Hércules

El pasado 25 de enero se cumplieron cien años de la muerte de Gabriela Ortega Feria, la gran bailaora gitana de Cádiz. Murió en su domicilio de la sevillana calle Santa Ana, una de las más flamencas de la Alameda de Hércules, donde vivieron el Niño Medina, Antonio el Pintor, Lamparilla y, entre otros y otras artistas más, La Serrana y La Sordita, las célebres hijas del seguiriyero jerezano Paco la Luz.

Gabriela nació en el número 28 de la calle Santo Domingo de Cádiz, en el Barrio de Santa María, el 30 de julio de 1862. Hija de Enrique Ortega Díaz, ‘El Gordo Viejo’, y de Carlota Feria. Fue Silverio Franconetti quien se la trajo a Sevilla, por expreso deseo de su padre, su gran amigo de Cádiz, para que debutara primero en El Burrero y luego en su propio café de la calle Rosario.

El lío que formó Gabriela fue tremendo, porque en Sevilla se bailaba de una manera muy distinta a la de Cádiz. Ella y La Mejorana trajeron una forma de bailar las alegrías y los jaleos gaditanos, solo comparable a los estilos de Josefa La Chorrúa, tía de La Malena, y las tres hermanas Coquineras, del Puerto de Santa María, que también formaron un buen lío en la capital andaluza.

La hija de Enrique El Gordo no solo gustaba como bailaora, sino como mujer, y fue pretendida por varios toreros sevillanos, siendo Fernando el Gallo quien logró enamorarla. El Gallo fue padre de Rafael y Joselito el Gallo, y un torero muy popular en el último tercio del siglo XIX. Como era de esperar, la familia de Gabriela no aprobaba el romance y el torero le dijo un día a su hermano Enrique Ortega Feria, cantaor, que ya vivía en Sevilla: “O me dejáis que me case con ella o la robo”.

Como seguían cerrados a esa boda, el torero se la llevó a Madrid y le hizo un niño, Rafael, y el nacimiento de ese niño sirvió para que en 1885, El Gallo y Gabriela se casaran en Sevilla. Gabriela era la mujer más feliz del mundo, pero tuvo que dejar el baile para ser la esposa del torero y ponerse a parir más hijos, en concreto cinco más, o sea, tres varones y tres hembras. Tres varones toreros y tres hembras casadas también con toreros, entre otros, con Ignacio Sánchez Mejías.

Gabriela era feliz criando hijos en la huerta de El Gallo, que estuvo en la localidad sevillana de Gelves. No era de su propiedad, sino de la Casa de Alba, y cuando murió El Gallo, en 1897, tuvo que abandonar la huerta con sus niños aún pequeños. Se mudaron a Sevilla y lo cierto es que pasaron algunas calamidades hasta que Rafael, el primogénito, se hizo torero y entró dinero en la casa.

Luego llegó la revolución de Joselito el Gallo, nacido en 1895 en la huerta de Gelves, y con ella el dinero en abundancia. Pero Gabriela comenzó a sufrir por el hecho de que sus tres hijos varones fueran toreros, y dicen que enfermó por esto motivo, aunque no moriría hasta 1919, unos meses antes de que un toro matara a Joselito en la plaza de Talavera de la Reina.

En Madrid murió Granero
y en Sevilla Valerito.
Y en Talavera la Reina,
mató un toro a Joselito,
qué doló de La Gabriela.

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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